DESDE YARUMAL, FORMANDO PARA EL MUNDO

Desde la UNESCO se predican cuatro directivas para la educación del mundo: “Aprender a conocer”, “Aprender a hacer”, “Aprender a vivir juntos”, “Aprender a ser” y “Educación para toda la vida”, que reta a los Sistemas Educacionales a brindar a cada cual los medios entre el trabajo y el aprendizaje para que cada ser humano pueda ejercer como ciudadano de bien. Delors [1997]. Estos “aprenderes” no son otra cosa que las competencias. La época, la nueva generación, reclaman un ambiente y métodos de aprendizaje más acordes a sus respectivas necesidades y que realmente respondan a sus expectativas.

Lo anterior, precisa saber llegar al seminarista del Propedéutico, en el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, acompañarlo en el desarrollo de todas sus potencialidades y nada más acertado que ofrecerle un clima de libertad, afecto, aprobación, un nivel más alto de formación, de personalidad, de adaptación social, de autonomía, de visión prospectiva, de comprensión del mundo y de sí mismo, conciencia crítica que le lleve a la transformación eficaz y agradable de su entorno.

Al llegar al propedéutico, se entiende la educación como un acto de trascendencia en el amor; se inspira en las realizaciones simples y en las construcciones majestuosas que se originan en la pedagogía, para hacer de la obra de la vida de un alumno, una maravilla en acción; llegar al aula de clase impartir principios que sólo nacen de un corazón asimilado en los pares y en los iguales, porque se potencian competencias...se trazan metas como un acto de vida, un estilo para que su historia personal no sea una ilusión.

Desde este ángulo, el formador, es sinónimo de vida, de amor, caracterizado por su brillantez en el saber que transmite, inmerso en cada lugar recorrido con una tenacidad y fortaleza en la superación de retos, digno de admiración, hechos que se demuestran claramente en su gran trayectoria en relación con la investigación y con su capacidad para trascender lo que estudia, procura con ello, no solo manifestarlo a sus alumnos, sino diversificar el aula y los enormes, pero bellísimos espacios locativos.

Todas sus circunstancias, son signos de la vida dentro de una vocación que lo mantiene lleno de sonrisas y vigente dentro de la superación y obstáculos; sus alumnos se miran en él, como una oportunidad maravillosa que les ofrece la vida, porque es un ser espiritual capaz de aportar desde su humildad, un punto de apoyo, para que cada asignatura, palabras, acciones, vivencias y la manifestación de su ternura y coherencia de hechos y pensamientos, asegure la consecución de sus objetivos, recordándole cada día como un espejo de admiración y significados propios del trasegar diario.

Ser formador, equivale a dinamizar el reto, que se asume, para trabajar en la construcción de un misionero en aras de una transformación individual y colectiva… es increíble llegar a ser provocadores del saber... jalonadores de progreso en sitios visionados para cumplir el sueño misionero… semillero de amor… manantial de ternura.

A este propósito, se une el trabajo interdisciplinario, para fortalecer en cada joven, el desapego familiar y regional, posibilitar un total despliegue de las relaciones interpersonales; darse a la tarea de investigar, de leer en forma exhaustiva, para poder llegar a las poblaciones, abordarles en forma lógica, diplomática, humana y con audacia empiecen a timonear las difíciles situaciones que suelen presentarse en una zona de condiciones difíciles, infrahumanas, pero que les motiva el pensar en: “Sólo por caminos difíciles se llega a grandes metas". Y así sean unos discípulos enamorados de su evangelizar...que día a día, sean cual bombita de gas, abriéndose espacio poquito a poco, en comunidades, a través del amor y la alegría que le inyecten a cada gesto, palabra y actividad materializada.

Así, muy lentamente, pero con paso firme, aprenden a entender a toda una comunidad que paso a paso vive procesos de organización y transformación comunitarias... añoran en la labor misionera, el hecho de recorrer pueblos bellísimos, habitantes de escasos recursos económicos, razas pujantes, amables, cálidas, con bellísimas costumbres; lugares supremamente típicos, con embrujos especiales por paisajes bellos, poéticos, ambientes tranquilos en sus montañas, silencios elocuentes, y así en alguno instantes, se olviden de su vida agitada, y se sumerjan en un ámbito de descanso y de profunda tranquilidad que solace el espíritu y reconforte las fuerzas gastadas, después de haber transitado por caminos de insospechadas sorpresas.

En cuántas jornadas el panorama feliz de sus vidas entusiastas, se ven opacados por nubarrones de tristeza, ante ríos y quebradas dominadas por las borrascas y seguidamente, la impotencia de continuar sus viajes, contemplando el correr del tiempo, sintiendo la lluvia implacable sobre sus cuerpos, y ver llegar la noche para llenarse del temor natural ante los peligros que asechan en la oscuridad para continuar su marcha, unas veces sintiendo el traspiés y otras veces experimentando el susto de rodar en pasos dudosos y la consecuente alegría de salir vivos de tantas odiseas.

Al mismo tiempo, entienden que el trabajo con las comunidades da resultados óptimos cuando aplican AMOR, por lo que hacen en pro de quienes los necesitan, de lo contrario estarían sometidos a un reloj, a un horario, a un tener que hacerlo. Hacer las cosas con el alma, interés, entrega, inmensa alegría, luchar con la mirada muy alta, ilusiones encumbradas, metas muy definidas, horizontes muy abiertos, sin importar que a veces sientan el aguijón amargo de la incomprensión o la espina punzante del vituperio y de la crítica, lo importante es que en las noches al acostarse cada uno, pueda dormir al arrullo de una voz cadenciosa de la conciencia, que le diga que ha cumplido con su deber…

Por todo lo anterior, como formador, se entiende, que es preciso ser diligente en un reajuste normal de la sociedad, para enfrentar a este proceso con más equilibrio y sabiduría, porque como escribía Agnes Héller: “Ni un solo valor conquistado por la humanidad se pierde de un modo absoluto; ha habido, hay resurrección y la habrá siempre mientras haya humanidad, mientras haya historia habrá también desarrollo axiológico”.

Todo ello, lleva a entender que el medio social, la cultura, los hábitos y valores, son la base sobre la cual cada grupo humano, puede edificar su propio desarrollo, un proceso que permita establecer relaciones de armonía con sus medios de trabajo, su ambiente, que se posibilite la construcción de una convivencia pacífica enmarcada por el respeto, la justicia y la tolerancia, porque aquí, desde Yarumal, “La Sultana del Norte”, se forman Misioneros Competentes…se aviva la llama del servicio…se consolida un ramillete de valores, que les posibilita, para vibrar evangelizando en cualquier recodo del planeta…http://www.yarumal.gov.co/

Beatriz Elena Giraldo Tobón

 

Revista Propedéutico