MADRE TERESA DE CALCUTA

Como es sabido cada uno de los seres humanos hemos sido creados pare ser santos, la historia nos revela grandes personajes de la humanidad que descubren su vocación y se entregan a la vida religiosa por completo y hoy abordamos las obras de grandes personajes y son de buen ejemplo para todos los hombres deseosos de vivir según la voluntad de Dios.

El ejemplo más significativo del amor y la entrega a Jesús, surge como un gran acontecimiento, la vida y obra de la Madre Teresa de Calcuta, en ella encontramos grandes virtudes, para confiar plenamente en Dios, y dar una mirada al interior de nuestro corazón, a servir a los más necesitados porque ellos son nuestro punto de unión con Dios. El servicio a los más pobres, es vivir con ellos, ayudarlos para que vivan y mueran dignamente y ver en ellos el rostro de Cristo.

Siguiendo este mismo orden de ideas, hago la presentación de Agnes Gonxa Bojaxhiu, quien sería después la Madre Teresa, nació el 27 de agosto de 1910, en una familia albanesa en Skopje, Yugoslavia, hoy capital de Macedonia. Hizo su primera comunión cuando tuvo 5 años y recibió la confirmación en 1916. Hija menor de Kole Bojaxhiu y Drane Bernai. Su padre era un comerciante y formaba parte del movimiento de liberación de Albania, sometida a los turcos y murió repentinamente en 1919.

De igual modo su madre fuerte y de gran valor veló por la educación y atención de sus tres hijos: Lazar Age y Agnes, luego de la muerte de su esposo organizó en su casa un pequeño taller de costura y bordado, para el sostenimiento de sus hijos, y murió en 1972.

Sin embargo, la pequeña Agnes crecía y era muy estudiosa, le apasionaba el canto y la poesía. De ahí que tenía sueños como cualquier niño y pensaba ser maestra, escribir poesías y escribir canciones. Siendo aun muy niña estuvo en contacto con las Hijas de Maria, las que prestaban sus servicios en su parroquia como suele pasar en algunas ocasiones que el Señor nos presenta los medios para descubrir el inicio de nuestro caminar.

Del mismo modo, su pasión por la lectura por medio de la cual descubría en las cartas, el mensaje que enviaban los misioneros jesuitas desde la India, la animó a ser misionera en aquella nación. Este anhelo empezó a hacerse realidad el 25 de septiembre de 1928, cuando dejó para siempre Skopje y partió hacia Rathfarham, Irlanda. Donde entregó su vida por completo al servicio de los pobres, a velar por ellos en la educación, la salud, y a vivir dignamente como humanos, se consideraba un lápiz con el que Dios escribió y nos indica su entrega total y generosa como lo hizo Cristo.

Manuel Ubaldo Jáuregui Vega

Revista Propedéutico