DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR

Empezaré por aclarar que la palabra domingo, para las lenguas eslavas y anglosajonas significa: “día del sol”. Por su parte los cristianos lo denominan “dies domina”, palabra latina que significa “Día del Señor”.

Es necesario recalcar, para los primeros cristianos fue un día de reunión, reconciliación, comunicación de los bienes; pero sobre todo, el día en que celebraban la cena fraterna (Eucaristía) (Hch 20,7).
Además en los Evangelios es considerado el primer día de la semana, día en que Resucitó el Señor. (Mt 28, 1- 6)

Por consiguiente, si nos basamos en la expresión “Día del Señor” y nos remontamos en la historia del pueblo de Israel, en el Antiguo Testamento, nos daremos cuenta que los Profetas, cuando se referían a este día lo hacían en el nombre de Dios. El cual, haría presencia de manera decisiva, para juzgar tanto a Israel como al resto de las naciones (Is 2, 12; ez 13, 5).

Esta intervención divina es presentada a los pueblos, bajo los aspectos de ira y castigo (Am 5, 18). Aunque también había un mensaje positivo, de liberación y salvación (Is 11, 10; 12, 6). Del mismo modo, en el Nuevo Testamento sobresale este mensaje de esperanza, en donde la expresión “Día del Señor” designa el momento solemne y glorioso en que Jesús vendrá de nuevo para clausurar la historia humana (1cor 1, 8; Fl 1, 6 – 10).

En este orden de ideas, podemos afirmar que en un sentido notable la expresión “ Día del Señor” hace referencia al primero de la semana (domingo), dedicado a celebrar la Resurrección de Jesús, es decir que el día final en que el Señor vendrá por segunda vez, es anticipado cada domingo, en la celebración Eucarística.

Cumpliéndose así, lo que había dicho el salmista: “este es el día en que hizo el Señor, exaltémonos y gocémonos en él” (sal. 118,24), puesto que Jesús con su Resurrección inaugura la nueva Creación, convirtiendo el día domingo en una fiesta, en la cual los cristianos participamos por adelantado de lo que nos reserva Dios en la vida eterna.

De manera que todos nosotros, estamos llamados a participar de la fiesta del Señor, cada domingo. Y ejemplo de los primeros cristianos, que se reunían como asamblea, para motivarse mutuamente y así ninguno abandonará la comunidad; (Hb 10, 25) a hacernos responsables los unos de los otros, y vivir conforme a la voluntad de Dios.

Juan Carlos CorreaGalvis

Revista Propedéutico