Es significativa la época de juventud en la vida de todo ser humano, debido a que es la etapa de las oportunidades. Este punto se puede destacar, observando como se desenvuelve el joven actual en cualquier cultura, que poco a poco, lo marca. En las anteriores palabras, advirtamos que los cambios sufridos en cada generación, si comparamos, los jóvenes de hoy, con la juventud de los años ochentas o màs allá.
Por consiguiente, ahora hay una tendencia muy liberal, sin embargo, la sociedad o el sistema político, muy pocas veces se ha preocupado por darle un espacio oportuno a la familia y a la niñez, entonces resulta que el joven es víctima de esta situación. En efecto, “Las energías y los ideales juveniles no pueden desperdiciarse en actividades parasitarias, intrascendentes, en pequeñeces, sin sentido. Roberto Salazar, en su obra: Problemática del comportamiento, señala que: “El sentido del uso de esas energías, de sus ideales, de sus aspiraciones, debe estructurarse en torno a una inserción más productiva para la sociedad”.
Dentro de este marco, ha de considerarse, la importancia de los jóvenes en los acontecimientos principales de los diferentes ámbitos de la sociedad. Deseo en este contexto, subrayar que los jóvenes son el presente que tienen a cargo crear futuro, en medio de esta realidad, ésto lo pueden lograr, proponiéndose metas personales, que les permitirán ir creciendo como entes participativos, aunque muchos sectores no les dan acceso y esto lo podemos comprobar, por medio de la experiencia que se exige a los jóvenes, para lograr su primer empleo.
En efecto, hay una diferencia muy marcada entre los jóvenes de la “burguesía” y los demás. En contraste, estos segundos, para poder estudiar tienen que buscar los medios, por su propia cuenta, o sea, no pueden hacer una elección vocacional muy elevada a su realidad. Miremos retrospectivamente, como los jóvenes, se van adaptando rápidamente a los nuevos cambios y aquí, entra a jugar un papel muy relevante, elementos tales como: La moda, la tecnología, la música, los amigos, entre otros.
Esto nos lleva a comprender, que el desarrollo del joven en esta etapa, en donde siembra lo que desea cosechar, cuando llegue a ser adulto, debe ser orientado desde una educación familiar, basada en valores humanos, en cierto sentido, acogida participación y atención especial al momento de enfrentarse a las realidades del noviazgo, desarrollo sexual, amigos, ámbito social, elección de una carrera, todos estos elementos, caracterizan el proceso de emancipación.
Para concluir, el joven verdaderamente libre, según Javier González, en su obra,La Formación Humana del Joven, puntualiza: “sabe lo que piensa, tiene convicciones sólidas; sabe lo que quiere, permanece fiel a sí mismo. No se pierde en la masa. No se deja llevar por las corrientes de opinión publica. Es verdaderamente independiente, es alguien que obra por sí mismo, en posesión de sí mismo. Es alguien que tiene el dominio de sí y que sigue siendo lo que es, fiel a sus convicciones, a su ideal, a su plan de vida ”.
Heleodoro Valdés González