UN MUNDO SEGURO PARA AMARNOS MUTUAMENTE

El planeta está cambiando y es una época de transición, para las personas que creen en la quiromancia, la numerología y todos los demás métodos que se basan en fenómenos psíquicos, como simples formas de explicar la vida. Estamos comenzando a considerar nuestro planeta como un organismo vivo, completo, que respira, tiene un corazón que late, cuida de sus hijos, nos provee de todo lo que podamos necesitar.

Y aquí está la gran humanidad que sabe tanto, haciendo todo lo posible por destruir el planeta. Nuestra ambición es uno de los peores obstáculos. Creemos saber más que ella y por ignorancia y ambición estamos destruyendo el organismo vivo del que formamos parte. Si destruimos la tierra, ¿Dónde vamos?

En esta época de transición, uno de los catalizadores ha sido la crisis del sida, que nos muestra cuan poco nos amamos y la cantidad de prejuicios que tenemos. Tratamos con tan poca comprensión y compasión a las personas de ello. Una de las cosas que verdaderamente me gustaría en este planeta y que deseo contribuir a crear, es un mundo en el que podamos amarnos mutuamente sin riesgos, con toda confianza.

Pienso que cuanto más pronto dejemos de lado nuestros prejuicios y trabajemos por una solución positiva a la crisis, más pronto sanará todo el planeta. Sin embargo, no podemos sanar el mundo si permitimos que sufra la gente. En mi opinión, el sida forma parte de la contaminación. ¿Sabias que los delfines de las costas de California, están muriendo de enfermedades de inmunodeficiencia?Yo no creo que eso se deba a las prácticas sexuales que ellos tengan. Hemos contaminado nuestras tierras hasta tal punto que gran parte de la producción agrícola no es apta para le consumo. Estamos matando los peces de nuestros mares. Estamos contaminando el aire, de modo que ahora hay lluvia ácida y un agujero en la capa de ozono y continuamos contaminando nuestros cuerpos.

El sida es un mal-estar terrible, sin embargo, el número de personas que mueren de VIH es menor que el de personas que fallecen de cáncer, de un infarto o por causa del cigarrillo. Buscamos venenos cada vez más potentes para eliminar las enfermedades que creamos, pero no queremos cambiar nuestro estilo de vida, ni nuestra alimentación.

Jorge Andrés Cortés Velásquez

Revista Propedéutico